Existen barreras de un metal inoxidable incapaz de siquiera desconcharse. Pronto se convierten en cercas que te rodean y escudan de palabras filosas que te lanzan como flechas en medio de una guerra troyana. La furia de las palabras es capaz de destrozar una sonrisa para pisotearla firmemente. El problema es que tratamos siempre de convencernos de que las palabras son indefensas.

Muchas de mis sonrisas están firmemente pisoteadas, y de ellas sólo recupero huellas vagas. No sé si es que tengo que convencerme de que las palabras no pueden entrar en mi cerca o si tumbo esa reja tan ficticia como la hipocresía. Podría tratar de cambiarme a mi misma pero siempre sería para convencer al otro, entonces mis barras pasarían a ser una cárcel y podría jamás encontrarme las huellas.

2 Comments »

  1. La palabra tiene la misma culpa que el cuchillo, la unica diferencia es que encontrarse con el segundo produce el flujo de la sangre mientras que encontrarse con la primera es, simplemente, perder o ganar un trocito de alma…

    Comment by Ro — September 18, 2007 @ 3:59 pm

  2. Perder o ganar un pedacito de alma… creo que eso es, en parte, y gran parte, escribir.

    Comment by desdelespejo — September 19, 2007 @ 2:16 pm

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