Oigo sólo el pito de mi respiración
y el vacío de su sonido
que adormece mis oídos
que se sienten
justamente como el terciopelo.
Y floto
sobre el colchón
que se disuelve con un grito
un grito de olor a arepa tostada.
Quizá, dentro de los audífonos
Y sólo dentro
Se entiende con la melodía
Y quedas, con esa sensación
Con esa calma corporal
La calma que te duerme los brazos
Para viajar, siempre sin moverte
Y finalmente comprender
Que son tus pensamientos,
Tus frases,
Las que navegan por la guitarra
Las que flotan entre las imágenes
Entre perros, cochinos y ovejas
Es ésta la sensación, la vida
La escapatoria del terreno
A lo abstracto
Lo abstracto que se comprende
Sencilla e inmediatamente
Las bolsas de mis ojos, hoy, podrían ser nidos de codornices. Si me picaran la pupila en su estadía, podría invitarme a mí misma a volar un rato en su pico. Ese viaje lograría estirar el tiempo para regresar y encontrar que el borrador de ojeras ya se ha ido. Es probable que sus huevitos ya hayan reventado para ese momento y es así como me despejaría del peso en mis ojos, con su fragilidad recién nacida comprendería que soy la capaz de cuidar y no soy ya la cuidada.
Ahora es que empiezo a comprender que no siempre se entiende por los ojos.
Existen barreras de un metal inoxidable incapaz de siquiera desconcharse. Pronto se convierten en cercas que te rodean y escudan de palabras filosas que te lanzan como flechas en medio de una guerra troyana. La furia de las palabras es capaz de destrozar una sonrisa para pisotearla firmemente. El problema es que tratamos siempre de convencernos de que las palabras son indefensas.
Muchas de mis sonrisas están firmemente pisoteadas, y de ellas sólo recupero huellas vagas. No sé si es que tengo que convencerme de que las palabras no pueden entrar en mi cerca o si tumbo esa reja tan ficticia como la hipocresía. Podría tratar de cambiarme a mi misma pero siempre sería para convencer al otro, entonces mis barras pasarían a ser una cárcel y podría jamás encontrarme las huellas.
Días de días…
Hay días en los que la molestia logra disfrazarse detrás de voces y sus inútiles comentarios. Son días en los que cualquier ruido se convierte en una aguja aguda para clavarse en la sien. Segregan los oídos un humo ceniciento y es probable que una que otra mirada despectiva se le salgan a los ojos. Esos días donde sólo el silencio es capaz de calmar, quizá, el desprecio por el otro. En parte, comentarios y pensamientos llegan a hacer análisis del comportamiento del yo. Probablemente se unan los sentimientos externos con los internos y esta mezcla explosiva crea un sinfín de temores ardientes que se convierten en desagrado para poder ser todo un solo y enorme inconveniente de mediodía. Y la verdad es que me importa un pito si la poceta no baja, y sinceramente me molestan los tonos desafinados convencidos de seguir el ritmo igual, o hasta mejor, que el del vocalista que excreta la corneta pixelada. Podría todo esfumarse en un segundo y eso me encantaría, ciertamente hay días en los que ni al espejo queremos mirar.
Entras con tu capa y espada
como siempre
rey del espacio y de las palabras
Juez de sentimientos
ignorante de la autocrítica
impones como dictas
tu mando general y completo
Se desciende en la jerarquía
hasta encontrarte cavando.
Dudas carcomen la mente
Se oxidan la percepción
la credibilidad
sentimientos.
Las palabras se empañan
para convertirse en un parche autoadhesivo bucal
entre las comisuras de los labios
se chorrean palabras
Con presión
terminan reventando sobre el vidrio
La discusión extiende sus brazos
te ahorca lentamente
cuando no tienes más aire
corres
en el camino se piensa
se trata de comprender
No puedo
Desde el espejo
Si el brillo de la roca minúscula fuera tan explícito como parece, fuera todo de un calibre más liviano, todo de un entendimiento directo. Simple. Sin otros sentidos tácitos o quizás explícitos mas no leídos correctamente. Ocurre que el brillo está allí, presente y claro, pero si la volteas, mas bien es opaca por la tierra que bloquea su color original.
Ahora, el brillo de su rostro, el que desde un principio nos anuncia su hermosura y que suele englobar todo su ser en esa brillante expresión llamativa, ese brillo resulta no brillar en ciertos ángulos, y resulta ser también dependiente de la luz. Sus laterales están obstruidos por capas de tierra negra pegajosa. La pregunta sería: cómo saber si la roca originalmente es tan brillante, cómo quitarle los residuos opacos, y cómo saber si al limpiarle veremos la misma roca. Entonces entiendo que la visión de esa roca es básicamente propia de los ojos que le ven, los que determinan la intensidad del brillo y la importancia del barro oscuro adherido a su espalda.
Y es todo muy parecido a verse en el espejo… al ver desde el espejo.
A veces el espejo muestra un momento paralelo. Muestra opciones que sólo la mente analiza cuidadosamente basándose en experiencias. Éstas brotan como lecciones escritas, grabadas como momentos que son capaces de ser reproducidos en el presente y esto asusta ¿Será que soy capaz de caer en el mismo hueco hondamente complicado? Sólo sé que los archivos no se borran y esto permite lograr nuevas salidas a un problema parecido. Entonces entiendo que se trata todo el tiempo de esto, de empezar desde cero cada cierto tiempo, pero con información pasada evolucionada en tiempo, y esto logra calmar un poco aquella incertidumbre miedosa e inevitable.
Dentro de una ventana que admira su espejo absorbo una imagen falsificada de una virtualidad insoportable, entre una noche invernal de primavera y el hoyo del tiempo.
Fantasias
¿Podría existir una fantasía que evolucione con el tiempo? Creo que una fantasía podría evolucionar a través del tiempo sólo si a esa fantasía original se le van añadiendo o reemplazando características modernas que, eventualmente ocurren con el crecimiento de la personalidad específica del individuo. De otra manera, la fantasía sería perdida con los rituales de paso culturales y personales de cada quien.
De arcilla
